Defendiendo la realidad cubana

Verónika Mendoza: por una presencia de izquierda con el Frente Amplio

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 Por Manuel Robles Sosa *

Imagen activa“No somos los iluminados, la construcción de un programa regional debe ir de la mano de las organizaciones sociales, esa es nuestra prioridad, queremos que la balanza se incline a favor de los desposeídos, que la correlación de fuerzas cambie y que la ciudadanía tenga más poder”, plantea el Movimiento Sembrar, de la surandina ciudad de Cusco

Este Movimiento fue fundado en abril de 2015 por Verónika Mendoza, quien un año después, como candidata del progresista Frente Amplio, estuvo a punto de pasar a la segunda vuelta electoral y disputar la presidencia con el neoliberalismo. En esta entrevista expone sus puntos de vista, novedosos y que llaman a la reflexión y eventualmente a la polémica.

Prensa Latina: ¿Cómo ve el Frente Amplio este avance importante de las fuerzas progresistas del Perú en el contexto latinoamericano?

Verónika Mendoza: Pareciera que el Perú llega tarde, cuando más bien se estaría cerrando un ciclo progresista en América Latina, del cual no sabemos qué va a devenir en un futuro inmediato y en una perspectiva de mediano y largo plazos, pero ciertamente va a significar alguna suerte de recomposición en los próximos años y ahí el Perú tendrá, en esta oportunidad, un papel un poco más activo porque en los últimos años hemos estado a contra corriente del progresismo latinoamericano que se iba afianzando.

Tuvimos la ilusión en algún momento de que con el Partido Nacionalista, en el 2011, el Perú también iba a ser parte de esa ola progresista pero no fue así. Y en esta oportunidad, aún cuando el resultado electoral no ha sido del todo favorable para las fuerzas de izquierda en el Perú, sí creo que se ha logrado constituir una presencia política clara, de izquierda, con el Frente Amplio, no solamente en el parlamento, sino en el escenario político nacional que, ciertamente, aún falta consolidar para que trascienda el momento electoral. Pero creo que se ha logrado sentar las bases para ello.

PL: ¿Cómo ve usted el entorno regional latinoamericano? VM: Con interés, con expectativa y con preocupación porque, como decía inicialmente, creo que se está cerrando un ciclo de fuerzas políticas que desde los gobiernos lograron empujar una serie de procesos de cambio a nivel político, económico, social y hasta cultural que en muchos casos se están viendo entrampadas porque pareciera que esos procesos, bajo las formas en las que se dieron, han encontrado sus límites.

Dependiendo de los casos porque es difícil caracterizarlos de manera general, cada país tiene su dinámica y se inscribe en una historia determinada pero en términos generales creo que hay una suerte de distanciamiento o tensión, por lo menos, entre las fuerzas políticas que están en el gobierno y los movimientos sociales que en su momento las respaldaron o aún las respaldan.

También la penetración de la corrupción, y cierto nivel de permisibilidad en algunos casos, está empezando a afectar su legitimidad interna e internacionalmente. No estoy diciendo con ello que hay necesariamente corrupción pero sí cierto nivel de permisibilidad cuando, desde mi punto de vista, el deslinde contra la corrupción debiera ser mucho más claro en las fuerzas progresistas y de izquierda.

Y también en algunos casos creo que no se ha logrado, a pesar del enorme esfuerzo y éxito en políticas redistributivas, todavía no terminamos de encontrar un nuevo modelo de desarrollo que trascienda el extractivismo y las dependencias y vulnerabilidades que genera respecto a ciertas materias primas, respecto a la volatilidad de sus precios de mercado internacional.

Creo que ahí todavía nos falta por desarrollar, aún cuando hay iniciativas interesantes en cuanto a diversificación productiva que buscan trascender esta lógica, estoy pensando, por ejemplo, en Ecuador y sus esfuerzos por constituir un centro del conocimiento con esta ciudad científica Sumak Yachay.

Pero todavía nos falta avanzar en ese sentido porque es una de las cosas que ha generado tensiones con los respectivos movimientos indígenas en Ecuador y Bolivia, la tensión entre el modelo extractivista, del cual todavía no nos liberamos, y cómo impacta muchas veces negativamente en los territorios y derechos de los pueblos originarios.

PL: En este fin de ciclo, o frenazo coyuntural de procesos progresistas, ¿no cree que es indudable que también hay un factor de injerencia externa y de conspiración interna?

VM: Claro que sí, pero eso no nos puede hacer perder de vista nuestras propias responsabilidades como fuerzas progresistas y de izquierda porque en todo caso ese frenazo coyuntural o crisis, en cualquiera de los casos es también una oportunidad para repensarnos, actualizarnos como fuerzas políticas y de cambio.

Por supuesto que están también los factores externos, las injerencias, los bloqueos económicos, las campañas mediáticas, persistentes, de descrédito respecto a las distintas fuerzas progresistas en América Latina.

Incesantemente, en el caso de Venezuela, como en los otros casos, y ahora de manera más intensa en el caso de Brasil. De eso también somos conscientes y eso nos plantea la necesidad de desarrollar estrategias para contrarrestar aquello y creo que ahí también tenemos una tarea pendiente.

En el Perú hemos estado acorralados desde ese punto de vista, como una suerte de burbuja donde la hegemonía en términos político-comunicacionales ha sido ese discurso con el “sambenito” de Venezuela, tema sobre el cual no es posible tener en los medios un debate serio reconociendo los problemas, la crisis, pero también las potencialidades.

PL: ¿Piensa usted que si antes se usaban los cuarteles para los golpes de Estado, ahora se usan los medios de comunicación privados?

VM: Para silenciar, para criminalizar porque a través de estas campañas mediáticas con sus efectos internos no se busca una real discusión, no hay una real preocupación por lo que pasa en esos países hermanos.

Me refiero a la manera como las fuerzas de derecha utilizan cada uno de estos casos; no hay una real preocupación por lo que pasa en esos países hermanos, sino simplemente se busca instrumentalizar tendenciosamente lo que pasa para silenciar o criminalizar a quienes internamente queremos impulsar el cambio.

Pero ahí, autocríticamente, nos falta desarrollar una estrategia también comunicacional, que es también política, hay una tarea pendiente que tiene que estar atravesada por la autocrítica.

PL: ¿Cómo ve el proceso de normalización en las relaciones de Cuba con Estados Unidos? ¿Qué opina sobre los negros augurios de los enemigos de la isla, que hablan hasta de rendición de la Revolución?

VM: No, yo creo más bien que era tiempo ya de que se pudiera normalizar esta situación que no niega la continuidad de la Revolución cubana, ciertamente actualizando sus procesos y sus conceptos pero sin renunciar a sus principios fundacionales.

Eso es parte de una revolución que tiene que estar en una permanente actualización política, económica, cultural para mantenerse vigente y no creo que lo uno niegue lo otro, en absoluto.

PL: En lo nacional, ¿cómo ve el proceso de la unidad de las fuerzas progresistas y sociales en la perspectiva del cambio?

VM: Creo que se ha producido algo sui generis en este último proceso electoral, sí se ha ido forjando un proceso de unidad pero de manera diferente a como se concebía en momentos anteriores, es decir, algunas fuerzas políticas de izquierda planteaban un proceso de diálogo, de acuerdo político y programático desde las dirigencias de los partidos y en eso no tuvimos verdadero éxito.

En cambio, al calor del proceso electoral, que no solamente se da en los meses de campaña sino que se va forjando antes, en la lucha misma, en defensa de los derechos laborales, en defensa de las comunidades campesinas indígenas agredidas en sus territorios y sus modos de vida, las militancias, los ciudadanos con vocación de cambio se han ido encontrando y al calor de ese proceso electoral se ha forjado esa unidad, incluso a veces a pesar de las decisiones de las dirigencias de los partidos.

Ha sido un claro ejemplo de que la mejor manera de procesar la unidad es en la lucha y ahora el reto es cómo es que se ha forjado al calor de la lucha electoral, en este caso, se consolida, se institucionaliza, sin perder por ello su dinamismo y su riqueza, y ese es el reto que encaramos ahora.

PL: ¿Cómo esa conjunción de voluntades puede convertirse en una articulación orgánica?

VM: Ese es el reto que tenemos por delante, que es enorme porque además la debilidad de las fuerzas políticas de izquierda en tanto estructuras orgánicas, hay una enorme precariedad institucional que contrasta con la enorme voluntad y expectativa que se ha generado respecto a un proceso de cambio, a la posibilidad de un proceso encaminado a un cambio de la Constitución (neoliberal). Hay en este momento una enorme demanda ciudadana que va más allá de la militancia de izquierda.

PL: ¿Cómo caracteriza esa responsabilidad o mandato de unidad de las fuerzas progresistas y los movimientos sociales?

VM: Es concreta, de carne y hueso, de gente que quiere ser parte de un proceso de cambio, que quiere orgánicamente participar de una estructura política que permita seguir levantando las banderas de cambio, la agenda programática que planteamos en la campaña electoral.

Pero hay que reconocer que hay una precariedad orgánica que nos plantea el reto de construir algo nuevo porque nuestra perspectiva es consolidar no un partido político de la manera tradicional, sino un frente político-social profundamente anclado en el movimiento social-ciudadano, que esté profundamente anclado en los distintos territorios a nivel nacional con la complejidad que eso significa en el Perú; tan diverso, tan rico, tan complejo. Entonces nos va a tocar ser muy creativos y audaces para institucionalizar esa expectativa que se ha generado sin que eso haga que pierda su dinamismo y su fuerza.

Y en ese proceso estamos y de manera muy concreta tendremos en agosto un Congreso Estatutario, estamos convocando en estos momentos a un proceso de adhesiones, afiliaciones al Frente Amplio que tiene que ir de la mano con una activa campaña en este momento coyuntural en la segunda vuelta (definición de la presidencia entre los neoliberales Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski), posicionándonos como la fuerza del cambio, como los verdaderos y únicos defensores de la democracia en el sentido pleno, denunciando la amenaza que representan las dos fuerzas políticas que han quedado en carrera electoral, en especial la fujimorista como heredera y reivindicadora aún de la dictadura que vivimos en los 90.

Y luego de ello seguir con lo que nos hemos planteado que es iniciar un verdadero proceso constituyente, no en el sentido restringido de cambios constitucionales a través del Congreso sino un verdadero proceso constituyente desde la ciudadanía y los movimientos sociales.

Es un reto enorme, algunos dirán que es una locura, una utopía pero creo que, en el momento, hay que empezar a discutirlo.

PL: ¿El Congreso va a tratar sobre inclusiones de nuevas fuerzas en el Frente Amplio?

VM: En el Frente Amplio participan organizaciones políticas, sociales, sindicales, independientes, ciudadanos, colectivos de distinta naturaleza que, preservando su autonomía y su propia organicidad comparten, dentro del Frente Amplio una plataforma programática, una táctica para el momento político y una visión estratégica. Creo que en líneas generales eso se va a mantener.

Tuvimos un Consejo Nacional después de las elecciones para hacer un balance de nuestra participación en el proceso electoral y de las perspectivas en adelante. Y el primer acuerdo es que el Frente Amplio se tiene que abrir y se tiene que renovar, refundar. En este Consejo se invitó a distintas organizaciones.

PL: Sobre el discurso del Frente Amplio, de que “lo peor es Keiko Fujimori” pero “no votamos por ninguno”, ¿cómo se entiende que el Frente Amplio no opte por ninguno si considera que lo más peligroso es Keiko Fujimori?

VM: Ambas fuerzas políticas pregonan y defienden el modelo neoliberal, la continuidad de un modelo que nosotros hemos venido denunciando y que queremos cambiar, un modelo que para nuestro país ha implicado la precarización de derechos laborales, precariedad institucional, vulneración de derechos humanos por, entre otras cosas, proyectos extractivos que se han querido imponer a sangre y fuego, con conflictos sociales, heridos y muertos de por medio; un modelo que significa depredación, contaminación, vulnerabilidad de nuestra economía respecto al mercado internacional.

Es un modelo que queremos cambiar y ambos candidatos lo defienden y de tal manera que no hay posibilidad de pacto, de acuerdo o de aval con ninguno de ellos.

Sin embargo, estando claro eso, somos conscientes de que el fujimorismo, en tanto heredero y reivindicador de la dictadura fujimorista, es la peor amenaza, para empezar, en términos de memoria histórica para nuestro país, pues desde una perspectiva histórica sería elegir a la hija del dictador y eso es inconcebible porque es una hija que no ha deslindado, que no ha hecho la crítica, no ha zanjado con la dictadura.

PL: ¿No creen el discurso de Keiko, de que es ajena a lo que llama lo negativo del gobierno de su padre, Alberto Fujimori (1990-2000)?

VM: No es que la rechacemos porque es “la hija” sino porque reivindica el fujimorismo. Nadie tiene porqué cargar las culpas de lo que hacen sus familiares pero ella fue parte de ese gobierno y así lo ha reivindicado recientemente. Ella y sus principales voceros defienden lo que se hizo política y económicamente en ese periodo.

Solamente en términos de dignidad nacional y memoria histórica sería un golpe nefasto que fuera elegida y, además, significaría, probablemente, la impunidad de muchos casos de corrupción y violación de derechos humanos que aún están pendientes de sanción, a pesar de las décadas transcurridas.

Un solo ejemplo es el caso de las esterilizaciones forzadas de miles de mujeres campesinas que hasta ahora está en la impunidad. Obviamente, con un gobierno fujimorista sería casi imposible que haya una sanción efectiva pero, además, porque el fujimorismo actual, además de pregonar el modelo neoliberal, está, literalmente, lleno de corruptos. Gente procesada, investigada y hasta sentenciada por corrupción tiene vocería plena en esa fuerza política, impunemente.

PL: ¿Cómo fue su proceso de formación política? Usted militó en el Partido Nacionalista del presidente Ollanta Humala, del que se apartó por discrepancias. ¿Tuvo antes alguna militancia?

VM: En el sentido estricto, no. Justamente porque yo soy de la generación huérfana, porque, cuando yo tenía 16 años, en Cusco no veía ni encontraba ningún referente político de izquierda o progresista en el que pudiera militar; no lo había y si lo había era tan débil y precario que yo nunca lo vi a pesar de mi búsqueda personal.

Entonces muchos de mi generación nos recluimos en espacios de activismo universitario o de respaldo de luchas sociales en nuestros territorios pero un espacio político de militancia no había o, en todo caso, no era lo suficientemente visible para que quienes teníamos esa expectativa y esa visión pudiésemos encontrarlo porque luego de lo que significó (el grupo armado) Sendero Luminoso y la dictadura fujimorista, las izquierdas se dispersaron, se precarizaron, se replegaron y hasta el día de hoy no logramos todavía refundarnos.

Lo primero con lo que me encontré fue el Partido Nacionalista, en el 2004. Lamentablemente, sus ambigüedades políticas e ideológicas nos llevaron a que luego eso se desarmara. Pero no, yo no he tenido esa suerte de tener esa inducción y preparación política en un espacio de esa naturaleza.

*Corresponsal de Prensa Latina en Perú.

Lima (PL)

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