Defendiendo la realidad cubana

La normalidad de la servidumbre y los aliados cubanos de Marco Rubio.

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“Estados Unidos es el enemigo mortal de cualquier forma de existencia en Cuba de soberanía nacional, justicia social y vida digna de las mayorías.”

Fernando Martínez Heredia.

En: A la mitad del caminoNotas acerca de la economía, poder político y Estado.

Poco antes de asumir la administración Trump, Cuba Posible sometió al académico y politólogo López-Levy, sionista confeso, a quien se considera orgánicamente implicado en el diseño de la estrategia Obama hacia Cuba, a un cuestionario sobre el futuro de las relaciones entre los dos países. Ahora ya en pleno desarrollo la política hacia Cuba del nuevo presidente, tenemos a la vista un nuevo cuestionario al respecto.

Una de las preguntas de esta última entrevista versa sobre las consecuencias del estado actual de las relaciones Cuba-EEUU para “los distintos actores no estatales de ambos países”. El entrevistado le atribuye a “los blogueros de La Pupila Insomne“, a quienes consideraría uno de esos actores no estatales de la parte cubana, una “animadversión hacia el sector privado en Cuba” que emula, compite y coincide, nada menos, que con “la proyección del senador Rubio y los grupos afines a su agenda.” Resulta curioso que unos, según convenga, tengan a esta bitácora digital como un ente oficialista protegido por el poder y a sueldo del pensamiento oficial, y otros, como ahora, un actor no estatal y opuesto al “oficialismo”. Ver para creer.

Lo cierto es que poco después de que López Levy escribiera para la New America Foundation – presidida por el Director de Google, Eric Shmidt y que Julian Assange define como una extensión del Departamento de Estado- sus recomendaciones de cómo aprovechar la actualización del modelo socioeconómico cubano, para hacer avanzar los intereses de EE.UU en la Isla, Marco Rubio presidía el 12 de marzo de 2012 en la ultraconservadora Heritage Foundation de Washington DC un evento titulado “Cómo la Internet puede descongelar una Isla congelada en el tiempo”, también patrocinado por Google, uno de cuyos invitados estelares era Carlos Saladrigas, quien apenas una semana después era invitado por los editores de Espacio Laical, hoy directivos de Cuba Posible, y gustoso se retrataba con la contrarrevolución más recalcitrante en La Habana en el mismo escenario de su encuentro con Espacio Laical. El Director de Cuba Posible se ha encargado de ratificar su afinidad con Saladrigas y López Levy, al igual que el patrocinio de la Open Society de George Soros, así que me exime de detalles sobre quién comparte los objetivos de Marco Rubio en Cuba: “descongelar una isla congelada en el tiempo”, aunque tal vez puedan tener -como quizás también Saladrigas- alguna diferencia en los métodos.

Parece tan importante enfatizar aquella curiosa “coincidencia”, que la repite dos veces en el breve cuestionario. En la segunda oportunidad,  aparece reiterado al cierre de la última respuesta, cuando aventura otra similitud, esta vez  de “lo contencioso”,  pero, ¡nada menos!, que con el presidente Trump. Una verdadera humorada: “Trump muestra un desdén permanente por aliados y rivales, un desconocimiento por las dinámicas cubanas y una preferencia por lo contencioso, que compite con la de los blogueros ideológicos del comunismo cubano más rancio.”

Esta tesis, de una evidente intencionalidad enfática en el discurso de López Levy-, aunque expresadas como al desgaire, como idea secundaria,- se manifiesta también en el hecho de que  el sitio digital lo destaca en la nota introductoria a la entrevista, pese a su aparición casi marginal en el cuerpo de las respuestas.

¿Por qué, desde la altura de sus saberes académicos, dedica su valioso tiempo a “los blogueros ideológicos del comunismo cubano” de “la extrema izquierda“, como también los califica? ¿Por qué  un comunismo tan anticuado, al fin y al cabo tan “rancio”, parece preocuparle a López Levy tanto como a Cuba Posible? Quizás la auténtica preocupación se origina en que la postura crítica del blog La Pupila Insomne ha contribuido a develar los objetivos socialdemócratas -de los que Arturo López Levy se declara afiliado- y de la plataforma que apoya y difunde sus concepciones. De todas maneras, las motivaciones, las “ocupaciones”  y los objetivos de esa atención son varios, de fondo y mucho más importantes que la existencia de este blog.

¿Extremismo opuesto a la propiedad no estatal?

En primer lugar, y que yo recuerde, en ningún texto de La Pupila Insomne se expone una oposición a las formas de propiedad no estatales, aunque quizás sí sus autores apoyan los lineamientos relacionados con ese tema que guían el proceso de actualización. Cuanto más se podría afirmar con apego a la verdad que sus posturas coinciden con la decisión de la Asamblea Nacional del Poder Popular de regularla, como también lo está el sector estatal, por ejemplo, pagando servicios como el agua, la electricidad y la evacuación de desechos, como se hace en este otro y no con tarifas domésticas, además de combatir la evasión fiscal y establecer la misma tasa de cambio para ambos sectores. Lo cual es sustancialmente muy diferente a una “animadversión” inflexible y retrógrada, criterio que, por cierto, es repetido y amplificado por otras voces y plataformas sin un solo elemento probatorio.

Ahora: ¿qué objetivos persigue subrayar tan enfáticamente esa inexistente, oposición? ¿Por qué esa coincidencia con otras declaraciones que sostienen lo mismo? ¿Cuál es el objetivo de localizar en Cuba representantes de una ideología “extremista”, pero, a la vez que “oficialista”, también paradójicamente opuesta a la normalización de relaciones con EEUU, al PCC, y a la política gubernamental cubana de abrirse al sector no estatal en la economía? Parte de la respuesta, hay que subrayarlo, consiste  en que La Pupila Insomne, el único blog que le merece mención a López Levy desvalorizando otros, denuncia los objetivos de propiciar la disolución del socialismo cubano, compartidos por los financistas de Cuba Posible, Marco Rubio, Saladrigas y López Levy, entre otros. Si no, ¿por qué prestarle atención a una postura que por el carácter que le supone no debiera preocupar en demasía? Son varios objetivos, algunos obvios y otros más sutiles.  Entre otros:

– Hacer creer que existe una oposición  a la línea política del PCC, sea como extremismo de izquierda, pero contradictoriamente también “oficialista”; sea, como afirman otros por el contario, de un conservadurismo derechista. (Rafael Rojas).  Ambos contrarios a la normalización e inflexiblemente adversos a la propiedad no estatal. Quien siga los intercambios en las redes, se habrá percatado que siempre habrá quien lo crea y lo repita sin ningún análisis de fondo, para dividirnos y proponer como aliados a la contrarrevolución “moderada” con su engañoso  “acompañamiento leal” a  la línea política del PCC, que llegan incluso al colmo de reclamar, por muy extraño que resulte,  la autoridad de su Primer Secretario y Presidente de la República como apoyo.

– Descalificar a los revolucionarios cubanos que denuncian lo anterior. Al calificarlos de “extremistas” pretenden aislarlos y advertir a quien se atreva a reconocer la obvia matriz imperial del nuevo producto subversivo que será  merecedor de la misma etiqueta.

– Al paso, presentar los objetivos de la política obamiana hacia Cuba, como sustancial y radicalmente diferentes de sus predecesores y posibles sucesores. Esta valoración es natural para quienes Obama-  que firmaba órdenes de ejecución extraterritoriales- dio muestra de “dignidad democrática”, como se afirmara en la entrevista mencionada antes, a pocos días de la asunción de Trump a la presidencia.

– Enmascarar los objetivos de lo que significa su específica política ambivalente y “moderada” ante el imperio, que no es del mismo carácter ni tiene los mismos objetivos  de los principios y la práctica diplomática de la Revolución. Recuérdese que Arturo López Levy en una entrevista anterior pide a Cuba, “el actor más débil, adoptar cambios que lo hagan caber o entrar en un rompecabezas mayor donde predomina el liderazgo norteamericano.”

Nuestros lectores podrían enriquecer los aspectos anteriores, que merecerían posterior desarrollo. Hay que advertir los fundamentos bajo los cuales oculta su rostro la impugnación a la radicalidad necesaria e irrenunciable, que presentan confundida con el extremismo, lo mismo que con el derechismo, para lograr todos aquellos objetivos. Veamos uno de esos fundamentos, expuestos con aparente y aséptico academicismo,  que revelan los cimientos de las ideas de este autor. Que califica a sus adversarios de “ideólogos”, supuestamente libre él de toda ideología.

En ocasión anterior,  en la primera entrevista, cuando Trump estaba al asumir su mando, también Cuba Posible preguntaba: ¿Cuáles son los caminos pendientes para alcanzar el tipo de relación bilateral que pueda ser compartida por los dos países?, y el entrevistado enunciaba uno de los principios maestros rectores de la genuflexión y el acatamiento resignado más increíble, llamado: “el paradigma de la normalidad asimétrica”, postura central en la historia de las traiciones ideológicas y factuales de la socialdemocracia. Veamos cómo lo explica, después de referirse, una y otra vez “al nacionalismo cubano” y nunca, por supuesto, al socialismo antimperialista cubano:

“Me referiré a lo que considero el paradigma de normalidad asimétrica  que es el disponible  para una relación como la que existe entre Cuba (…) y Estados Unidos (una gran potencia en su vecindad).

Por la parte de EEUU, el ejercicio de la “normalidad asimétrica” supondría, como veremos, una especie de “imposible categórico” de carácter histórico. Nos ilustra el académico que la normalidad asimétrica del poder “implica que EEUU acepte respetar la soberanía cubana en su totalidad, lo que implica tratar a la Isla en su política exterior e interna como una esfera fuera de su dominio”. ¿Y por la parte cubana? Pues la quintaesencia de la rendición, algo que si la joven generación del centenario y Fidel hubieran aprendido en las academias de la ignominia ideológica, les habría servido de buen pretexto para no arriesgar sus vidas en el asalto al  Moncada, ni proseguir su lucha hasta la victoria del 59. Veamos. Los subrayados son míos:

“Cuba, por su parte, debe entender que por su propio interés nacional le conviene tomar nota de la disparidad  de poder y ser deferente ante la realidad de que las grandes potencias  tienen un rol en términos de intereses, capacidad de proyección y responsabilidades que les otorgan, incluso en la Carta de la ONU, prerrogativas especiales”.

¿Qué discrepancia podría tener Marco Rubio con semejante afirmación? Si ud, lector, no es, como yo, un mero aprendiz en estos malabarismos, tiene suficiente estómago racional, y ya logra salir de su estupor, medite un rato, relea varias veces esa definición justificativa de la más insólita exhortación a la normalidad de la servidumbre: ¿no está en la médula del sistema imperial estadounidense, transversal a todas sus administraciones, sean cuales sean sus tácticas coyunturales, el actuar “en términos de sus intereses”, utilizar su “capacidad de proyección” y ejercer su “responsabilidad” de someter, no sólo a su patio trasero, sino a cualquier oscuro rincón del mundo, a invasiones, golpes y terrorismo de estado, pero sobre todo cuando alguien no acata su “excepcionalidad”, cuando no se respetan sus “prerrogativas especiales”, otorgadas por “el paradigma de la normalidad asimétrica” y hasta justificado por su injusto poder de veto en la ONU, cuando no se salta incluso la “autoridad” que le da ese organismo? Es un concepto digno de aparecer como capítulo muy lamentable en la célebre borgeana historia de la infamia, con todo respeto por la persona de su autor, pues aquí se analiza, como se dice y ruega, una idea, un argumento, una concepción.

Que la “tirantez con Estados Unidos no es para Cuba ni útil, ni aconsejable”, como afirma en otro momento el entrevistado, no es una sabiduría práctica “realista” que ahora vendría en el último momento a comprender Cuba. La insistencia en posicionar la idea de que existe una línea de pensamiento “extremista y oficialista” es correlativa a la intención de crear una ficticia oposición de ribetes antagónicos entre la política actual cubana, y la anterior, porque aspiran con ello a sembrar en el imaginario político cubano una especie de ruptura partidista con la que sueñan con verdaderas pesadillas.

Porque está ya bien documentada la extensa historia de la firme flexibilidad con que Cuba siempre intentó normalizar sus relaciones con EEUU, desde el mismo 59. Sin embargo, mirar fijamente al rostro lívido y vergonzante de la “normalidad asimétrica”  no ha sido jamás vocación de los revolucionarios cubanos.

Pero acierta el académico cuando opina que la asimetría de poder tiene rasgos estables, no transicionales. No faltara más.  No obstante, ¿hay que rendirse ante la supuesta fatalidad? Esa anormal asimetría es la que sigue detonando las rebeldías de los oprimidos de este mundo.

Es innecesario  hacer la historia de la coherencia imperial en el ejercicio de sus facultades, privilegios y esas excepcionales responsabilidades a que habría que someterse.

Pero resulta que una prueba de ello no hay que buscarla tan lejos.

Al referirse a las causas del retroceso de la normalización de relaciones en la actual entrevista, el catedrático informa que el mismo “digno demócrata” de Obama abandonó bastante rápidamente su histriónica actuación cubana. Afirma que “el propio Obama creó sus propios problemas. (…) renegó de muchos de los que le empujaron (…), descalificó  a algunos de ellos como izquierdistas y se montó un tinglado con sus cubanoamericanos favoritos…”, todo ello, según valora, por falta de coraje y tacto político. ¿Sería solamente una falta de “coraje” y de “tacto político” de ese quien López Levy califica como inteligente y audaz? ¿Se obnubiló en inoportuno momento su brillante inteligencia? ¿O por el contrario, obedeció al cumplimiento de esas,  las “responsabilidades imperiales” que debemos reverenciar cuando supuestamente ellos se proponen cumplir la parte de su papel que mansamente le  asigna la academia en el concepto de la “normalidad de la asimetría del poder”?

¿Tenía o no razón Fidel, y con él los que no confiaron en esa política, que no dudo es la misma actitud de nuestras autoridades, y que pese a ello dieron y dan muestra de sabiduría y realismo, pero no de la desfalleciente resignación de acatar con servidumbre, por no rendirse a la asimetría del poder?

Por Carlos Luque Zayas Bazán

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