Defendiendo la realidad cubana

Mambises en tiempos de coronavirus

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Como aseverara Fidel el 26 de julio de 1978: «El internacionalismo es la esencia más hermosa del marxismo-leninismo y sus ideales de solidaridad y fraternidad entre los pueblos. Sin el internacionalismo, la Revolución cubana ni siquiera existiría. Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad»

El espíritu internacionalista del general mambí Henry Reeve está hoy presente en las brigadas médicas cubanas que combaten a la peligrosa pandemia global del nuevo coronavirus. Foto: Archivo de Granma

Tengo el hábito permanente de vincular el día a día con la historia de nuestra gesta independentista. De la hermosa y turbulenta contienda, de la gloriosa epopeya de nuestros mambises, hombres, mujeres, ancianos y niños de aquellos tiempos, que sin una formación política e ideológica sólida practicaron la solidaridad y el humanismo, nacen momentos de sinceros compromisos e inspiración, que alimentan el espíritu.

Cuando en la mañana del 17 de marzo el crucero MS Braemar de la línea británica Fred Olsen entraba en aguas de la bahía del Mariel, en la provincia de Artemisa, mi primer pensamiento fue para los mambises ingleses. Recordaba que, entre los más de 3 000 insurrectos nacidos en otras tierras, una veintena eran británicos, dos de ellos teniente coroneles de la guerra necesaria: John W. Caldwell Smidt y Herbert Acton Clews. Aquellos hombres lo dejaron todo, familia y bienes, para luchar por nuestra independencia, al igual que los expedicionarios ingleses del vapor Virginius, fusilados en Santiago de Cuba, en 1873.

Viendo el listado de la nacionalidad de los turistas: canadienses, belgas, holandeses, colombianos, irlandeses, italianos, japoneses, australianos, neozelandeses, noruegos y suecos, meditaba que, de la mayoría de esas naciones, hubo combatientes en nuestro Ejército Libertador.

Canadienses fueron el brigadier Washington Albert Claudio Ryan, uno de los intrépidos jefes de la caballería camagüeyana junto a Ignacio Agramonte, expedicionario del Virginius, fusilado también en Santiago de Cuba, el 4 de noviembre de 1873, el teniente coronel Joseph Napoleón Chapleaux, muerto en combate el 30 de agosto de 1897, durante la toma de Las Tunas, y Charles Huntington, caído también en combate contra una guerrilla española en 1897, en territorio de Camagüey.

Colombia enviaría a la Guerra Grande la expedición del Hornet, con más de 40 combatientes de ese país, entre los que se destacó el después general de división del Ejército Libertador José Rogelio Castillo y Zúñiga, un hombre de Baraguá. En el 95, dos colombianos comandarían, como generales, fuerzas cubanas: Avelino Rosas Córdova, general de división, y Adolfo Peña Rodríguez, general de brigada, ambos imbuidos por el espíritu latinoamericanista del Lugarteniente General Antonio Maceo.

Hubo también mambises belgas, holandeses e irlandeses.

Italia, donde hoy combate por la vida una brigada de galenos cubanos, aportó un contingente importante de mambises, entre los que se destacan las figuras del coronel Orestes Ferrara, miembro del Estado Mayor del generalísimo Máximo Gómez; del teniente coronel Gerardo Hugo Ricci, que combatió en Matanzas, y del médico y comandante Francisco Federico Falco, todos, combatientes de la guerra de Martí.

Recordaba a los mambises italianos de la Guerra Grande, y al capitán Natalio Argenta, el fogoso poeta y músico, soldado de Garibaldi, que vino a Cuba en una expedición junto al brigadier Pío Rosado, y que luego de resultar prisionero, muriera fusilado en Bayamo, el 7 de julio de 1880, durante la Guerra Chiquita, no sin gritar a todo pulmón ante sus verdugos: «¡Viva la República Universal!».

Ese mismo grito humanista fue el que llevó a Céspedes a proclamar, el propio 10 de octubre de 1868, que «Cuba aspira a ser una nación grande y civilizada para tender un brazo amigo y un corazón fraternal a todos los demás pueblos»; a Martí, afirmar que «Patria es Humanidad»; a Máximo Gómez, en histórica carta al capitán general Ramón Blanco Erenas, «Yo solo creo en una raza: la humanidad», y al Titán de Bronce Antonio Maceo, en su pensamiento integrador y antillanista, soñar con fundar «la Federación de Cuba, Puerto Rico y Santo Domingo».

Salvar a los tripulantes y turistas del crucero británico fue un gesto de gratitud y compromiso con nuestra historia.

Cuando vemos partir a nuestras brigadas de Salud a brindar su ayuda solidaria a otras naciones, nos viene inexorablemente a la mente el acierto de nuestro Comandante en Jefe de crear el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve. Su solo nombre honra a uno de los más altruistas, modestos y disciplinados jefes del Ejército Libertador, nacido en Nueva York, un día como hoy hace 170 años, y con él, a todos los extranjeros que, durante nuestras luchas por la independencia y en toda nuestra historia, vieron e hicieron propia la causa soberana del pueblo de Cuba.

El hecho de que la mayoría de los integrantes de las brigadas cubanas que hoy combaten la covid-19 en el mundo sean mujeres, me hace recordar a Lila Waring, la esposa neoyorquina del coronel y médico del Ejército Libertador Emilio Lorenzo Luaces, a quien durante dos años acompañó como enfermera en los hospitales de la manigua cubana, durante la guerra de los Diez Años. Ella, en condiciones bien hostiles, curó cubanos, lo mismo que la colombiana Mercedes Sirven, la mujer que, con grado de Comandante del Ejército Libertador en la Guerra del 95, desde el servicio de sanidad, dirigía, en su condición de farmacéutica, hospitales de sangre en el territorio insurrecto de la provincia de Oriente.

En tiempos de coronavirus se nos fue Juan Padrón, mambí de los pies a la cabeza, quien, reflejando la solidaridad internacional en nuestras gestas de independencia, hizo acompañar al simbólico y entrañable coronel Valdés, de un mambí ruso, un inglés, un italiano y un chino.

El 5 de diciembre de 1988, en la Plaza de la Revolución, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz expresaba que «quien no sea capaz de luchar por otros, no será nunca suficientemente capaz de luchar por sí mismo».

En ese espíritu humanista y solidario, nacido de las raíces de nuestra propia historia, se ha forjado nuestro pueblo, capaz de sentir como propias las vicisitudes de todos los habitantes de la Tierra. Es una pandemia moral hondamente arraigada en la cultura e idiosincrasia cubanas, que no necesita cura, sino expansión.

Como aseverara Fidel el 26 de julio de 1978: «El internacionalismo es la esencia más hermosa del marxismo-leninismo y sus ideales de solidaridad y fraternidad entre los pueblos. Sin el internacionalismo, la Revolución cubana ni siquiera existiría. Ser internacionalista es saldar nuestra propia deuda con la humanidad».

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