Defendiendo la realidad cubana

Causas y azares en el 75 cumpleaños de Silvio Rodríguez

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Por: Daniel Jiménez Vaquerizo

El cantautor cubano Silvio Rodríguez durante una actuación en la inauguración de la Cumbre de los Pueblos que se realizará en paralelo a la VII Cumbre de las Américas, en la Ciudad de Panamá el 9 de abril de 2015.- AFP

No sé bien en qué momento, entre tantos viajes en coche, empecé a darme cuenta de qué estaba diciendo esa voz fina con acento caribeño que salía del radiocasete del Ford de mi padre. Las carreteras eran eternas para un niño en el asiento de atrás del coche. Crecí tarareando canciones que en mi colegio poca gente conocía. Para mí era normal saber qué era un papalote, un domingo de trabajo voluntario, por qué la cobardía era asunto de los hombres o que la maza sin cantera no era muy útil.

Al tiempo descubrí quién era Silvio Rodríguez y por qué mi padre quemaba aquel Te doy una canción, que en realidad se llamaba Días y Flores, pero que Franco censuró y tuvo que cambiar el título de su primer LP publicado en EspañaTodavía no sé cómo llegó Silvio a mi padre, si fue efecto de esos años 70 de cambios políticos, pero ahí estaba, eran los noventa y la historia todavía pesaba sobre aquellos comunistas, que sobre sus hombros tenían la carga de los vencidos por el capitalismo.

Silvio llega a los 75 años con muchas letras y poca carga a sus espaldas. Sobre ella, miles han querido responsabilizar muchas de las cosas que han sucedido en Cuba las últimas décadas. Hace algunos años, en una entrevista a una radio venezolana, Silvio se quejó de que siempre le pedían opinión por todo lo que sucedía en la isla: «Ese no es mi oficio, no es mi trabajo. A veces no tengo nada que decir». Y es que Silvio ha dicho -y mejor, ha cantado- lo que le ha pedido el cuerpo, lejos de presiones, críticas y directrices. Cantó como pocos al Che, poniendo voz al doloroso parto de toda una era, y luego nos recordó que a un buen revolucionario solo le puede mover el amor.

Silvio es hijo de su tierra, el niño que creció en un pueblo a las a fueras de La Habana entre los ritmos de Benny Moré y el Trío Matamoros. Nieto de su abuelo que una vez conoció a Martí, que le habló de la amistad. Testigo de las bombas de los aviones estadounidenses cayendo a la vez que un grupo de mercenarios intentaba invadir la isla por Playa Girón mientras toda Cuba inclinaba el ceño.

Cuando la sinrazón acechó su melena y sus inspiraciones rockeras, se acompañó de una guitarra, una grabadora y un bloc de notas para embarcarse en el Playa Girón con un grupo de 100 pescadores, hombres rojos y negros que fueron testigos privilegiados de sus más de 62 canciones compuestas en el naviero cubano, algunas de las más conocidas tienen su origen en los meses de noches rozando el alba en la cubierta del pesquero. Silvio sabía que había sillas peligrosas que le invitaban a parar. Le pidieron que se partiera en dos, pero sus canciones ya habían sobrepasado las fronteras de Cuba.

A finales de los años 80 cuando el campo socialista evidenciaba su caída, Silvio pasó por Miami en una escala para dar un concierto en Puerto Rico, una turba de policías se le abalanzó rompiéndole incluso la guitarra. Por esos meses todas las miradas estaban fijas en La Habana, muchos contaban las horas para que la revolución claudicase y anunciase su fin. Silvio lanzó El Necio, 5:22 minutos de confesiones propias que convirtieron este tema en un himno de la izquierda latinoamericana. Y es que no se entenderían las luchas sociales en América Latina sin las letras de Silvio. En lo más duro de la dictadura pinochetista, los militantes comunistas conseguían de manera clandestina las canciones de Silvio, camufladas en casetes de Julio Iglesias. Que la policía encontrase un disco del cubano podía costarte la vida.

Silvio ha puesto banda sonora a generaciones a lo largo y ancho de todo el mundo. En sus más de 500 canciones se condensan pasiones, decepciones, aspiraciones, amores fugaces y otros duraderos. Sus letras son el intento amado, el final de un viaje que le lleva por una gira imparable por los barrios más humildes de su Cuba.

Hace pocos meses, con una humildad que llega incluso a ser molesta para sus seguidores, realizó dos grandes conciertos en Madrid. Los beneficios de las actuaciones fueron destinados a la compra de materiales sanitarios para donar a Cuba en su lucha contra la covid-19.

Confieso que cantar sus canciones junto a mi padre me ha trasladado de nuevo a las horas interminables de coche descifrando los recónditos mensajes en las letras de Silvio. También a las horas de espera en aquella estación de guagua de Trinidad donde Silvio cantaba La Maza en un viejo televisor. No es solo un viaje a la comodidad de un pasado únicamente plácido, donde la mente olvida todos los trascursos negativos de la vida y recoge lo más hermoso y concreto; es saberse hijo de letras que son historias de los tuyos, de cualquier hombre del mundo, de cualquier casa, hasta la que tiene que ser quemada por vivir.

Las causas las hemos elegido, algunas nos han ido, incluso, cercando. Los azares han sido la oportunidad de conocer su palabra precisa. Felicidades, maestro, que las cuerdas de tu guitarra te aguanten muchos años más.

(Tomado del blog Público)

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