Defendiendo la realidad cubana

Hace 52 años la sangre de Fidel llegó a Perú

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El 1 de junio de 1970, Fidel Castro y el pueblo cubano donaron su sangre para las víctimas del terremoto ocurrido en Perú.

Vistas generales de numerosos hombres y mujeres formando fila frente al edificio donde funciona el banco de sangre. Primeros planos de la gente donando su sangre. Posteriormente llega el jefe del gobierno cubano, Fidel Castro, al edificio y en donde se lo ve donando su sangre. Luego se observa a Fidel Castro conversando con un grupo de médicos y enfermeros en un consultorio; y retirándose del edificio. (Sin sonido).

(Tomado del canal en YouTube: archivodichiara)

Ni por la fuerza, ni por la seducción

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El 26 de julio de 2000 en Santa Clara, el Comandante en Jefe lo dejó claro: «Cumplo con el cortés deber de advertirles, que la Revolución Cubana no podrá ser destruída ni por la fuerza ni por la seducción».

( Tomado del canal en YouTube: Con Filo )


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Por: Gustavo Espinoza M.

 

Dos acontecimientos históricos fueron recordados en los últimos días en Nuestra América, ese concepto definido por Simón Bolívar, asumido por José Martí y hecho suyo por José Carlos Mariátegui.

Nuestra América hoy, es la Patria Grande con la que soñaron nuestros mayores, y que se hará realidad por la unidad y  la fuerza de los pueblos. Nos referimos a la derrota de la invasión mercenaria de Playa Girón, registrada en Cuba en abril de 1961; y a la victoria del pueblo de Venezuela, que dio al traste, el 13 de abril del 2002, con la asonada fascista intentada por la oligarquía   caraqueña empeñada en derribar al gobierno del Comandante Hugo Chávez.

Dos episodios de innegable trascendencia que dejaron un sello definido en la conciencia de millones de latinoamericanos. Mostraron, además, la capacidad  de lucha de los pueblos, que suelen salir airosos cuando enfrentan la agresividad de las fuerzas reaccionarias empeñadas en bloquear los caminos liberadores.

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Cuando el Cardenal de la Iglesia Católica Su eminencia Beniamino Stella escriba sus memorias, tendrá seguramente un largo y revelador capitulo sobre su estancia en Cuba en en los años 90 del pasado Siglo XX, cuando era el Nuncio Apostólico de la Santa Sede, siendo Papa en el Vaticano Juan Pablo II.

Tenía yo una muy buena amistad con el después Cardenal Stella, quien me pidió a mi que intercediera con Fidel para encontrar una mejor relación entre el gobierno cubano y la Iglesia Católica cubana.

Esto ocurría cuando se esperaba él nombramiento de Monseñor Jaime Ortega como nuevo Cardenal de Cuba y las relaciones entre Iglesia y Estado iban de mal en peor.

Médico y no bombas

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(Tomado del canal en youtube, RT en Español)


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Por: Yurina Piñeiro Jiménez

Capitán de Navío, Norberto Collado, nuevamente como timonel del yate Granma, en un desfile en la Plaza de la Revolución, el 2 de diciembre de 2006. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.

«Los tiempos difíciles son los tiempos difíciles. En los tiempos difíciles el número de vacilantes aumenta; en los tiempos difíciles —y eso es una ley de la historia— hay quienes se confunden, hay quienes se desalientan, hay quienes se acobardan, hay quienes se reblandecen, hay quienes traicionan, hay quienes desertan. Eso pasa en todas las épocas y en todas las revoluciones. Pero también en los tiempos difíciles es cuando realmente se prueban los hombres y las mujeres; en los tiempos difíciles es cuando se prueban, realmente, los que valen algo. Los tiempos difíciles son la mejor medida de cada cual”, aseguraba quien precisamente, en los momentos más complicados, demostró con creces su valía.

Riesgoso y largo viaje desde Tuxpan (México), hacia la costa sur del Oriente cubano, en un yate con capacidad para ocho tripulantes, pero en el que venían 82 expedicionarios. Además de la llovizna y el frío que los despide en la madrugada del 25 de noviembre de 1956, nuevos e inesperados obstáculos. El levantamiento del día 30 en Santiago de Cuba, en apoyo al desembarco, ha sucedido antes del arribo por el atraso del Granma. En la tarde del día siguiente, al norte de Gran Caimán, advierten un helicóptero, toman medidas, pero la nave sigue su viaje; parece un vuelo de rutina. El mar se pone cada vez más embravecido. La debilidad, el cansancio físico y el hambre de seis días de travesía. La ansiedad, inmensa…

«Ahora, en la noche, el sonido de las olas es más impresionante. Hace frío. Se han acabado los cigarros, ya no hay qué fumar. Se rastrea por los rincones y los bultos en busca de algún cigarro o tabaco, pero no se encuentra nada. Vamos más apretados, pues por el tiempo que está haciendo todos tenemos que ir dentro. Fidel, el Capitán y el timonel revisan el mapa. El Capitán orienta que alguien vea si descubre el resplandor del faro de Cabo Cruz. Ya antes lo había intentado otro, pero como hay tanto oleaje, se hace difícil la observación. Roque dice que él va a ver. Sube al techo. El yate da un bandazo, se escucha crujir un palo y gritan:

¡Hombre al agua! ¡Que unos miren por un lado y otros por otro!

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Ese Fidel que encanta a su pueblo

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Por:Fidel Soldado de las Ideas

Ese Fidel natural, que comía en la bandeja junto a los obreros; que dejaba que los niños le acariciaran la barba; que como cualquier trabajador, estiraba las piernas bajo la mesa de trabajo; que hacía sonreír a todos con sus chistes y ocurrencias; que llegaba hasta los lugares más recónditos para comprobar la implementación de los programas sociales de la Revolución; que sabía cómo tratar y llegarle a cada persona; que no andaba con ambigüedades y llamaba las “cosas” por su nombre, que no le temía a nada, ni a nadie… Ese Fidel encanta a su pueblo.

De pronto, en la conversación más inusitada, a veces terminamos hablando de él, o al pasar cerca de alguien, escuchamos aquello de “Si Fidel estuviera, otro gallo cantaría” (expresión del cubano que muestra la absoluta confianza en el liderazgo del Comandante en Jefe). Quienes lo defienden de injurias, porque aunque no lo conocieron personalmente, sí fueron testigos de lo que significó para los más pobres y desposeídos, el triunfo de la Revolución cubana, que era lo mismo que decir Fidel Castro. Jóvenes barbudos con sueños de justicia en sus pupilas. Algunos lo llevan tatuado como amuleto de buena suerte, o símbolo de todo el bien y la grandeza que entrañan su nombre y persona. Otros lo admiran desde el corazón.

Si vamos a la montaña, allí está el Comandante en la escuelita que descansa en la falda de una loma, en el consultorio al que llega el guajiro más humilde con su esposa e hijo recién nacido a recibir atención médica. Fidel, en la lanchita que recoge a los pioneros del Hanabanilla y los lleva al otro lado del río, para que puedan ir a la escuela y así sus padres no tengan que abandonar el campo. Fidel en la voluntad hidráulica para evitar pérdidas de vidas humanas ante el paso de fenómenos meteorológicos y aprovechar el agua para el desarrollo socioeconómico. El gigante de Birán en el progreso que vieron y todavía continúa en las zonas rurales, y también en las ciudades, las gandes industrias, los centros hospitalarios y científicos más importantes del país.

«¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón, y dónde, oh sepulcro, tu victoria?», si Fidel está y vive en todo lo bueno del pueblo y para el pueblo. Su gente que habla de él en presente, que lo quiere, que en tiempo de ciclón y en los momentos más difíciles, lo extraña como nunca. Los suyos que le son fieles a sus principios. Tan vivo, que aún en esa otra dimensión de la vida, sus enemigos le temen por el poder de su palabra, la vigencia de su pensamiento y la austeridad de sus actos. Hoy Cubadebate y Fidel, Soldado de las Ideas, comparten con sus lectores, imágenes de la vida profesional y social del Comandante, que reflejan ese Fidel que sigue enamorando a su pueblo, ese Fidel que encanta a su pueblo.

(Tomado de Cubadebate)


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Muchos se preguntaban, ante el probable aprieto, qué haría él, quien tenía el récord del discurso más largo en la ONU (de 269 minutos), pronunciado el 26 de septiembre de 1960.

La expectación era extraordinaria. Iba a hablar ante el plenario y el silencio se apoderó de la sala de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Sin embargo, había un «problema»: un cronómetro, en cuenta regresiva, marcaba cinco minutos, el tiempo asignado a cada orador.

La sorpresa de todos fue mayúscula ese 6 de septiembre de 2000 durante la Cumbre del Milenio. Tomó un pañuelo y tapó el reloj, lo que provocó una risa generalizada. Hasta sus enemigos más enconados sonrieron. Esos 300 segundos le bastaron para estremecer al auditorio.

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FIDEL SOMOS TODOS

(Tomado del perfil en facebook de Kari Krenn. Escrito por: Pablo Secchi para el cumpleaños de Fidel)
La primera vez que lo vi a Fidel fue en El Frayle, y se llamaba Jorge; de cara redonda y retacón, en nada se parecía a ninguna foto de las que había visto antes, pero su voz sí, era igual, firme, segura, clara.
Después lo vi en la Boca de Camarioca, le decían Dago, Dagoberto; delgado, desgarbado, pero indubitable.
En Santa Marta no tenía el verde oliva y hacía la cola para el pan, no hablé con él, pero me miró, lo reconocí.
En la Playa Larga, cerquita de Girón, dormimos en su casa; se llamaba Lázaro, era negro, médico, generoso, humanísimo.
Lo crucé en las adoquinadas callejuelas de Trinidad. No recuerdo todos los nombres que tenía en Cienfuegos. En Santa Clara se llamaba Juan Carlos, hablamos mucho sentados en la vereda, a pocas cuadras del Parque y del Tren, era muy alto, y grande…lo vi, ahí estaba.
En Pinar se llamaba María Antonia. Andaba por los tabacales de Viñales, en sus Cuevas con agua; y más al norte lo vi también, en un bohío cerca de Puerto Esperanza.
En Bahía Honda le decían Tita, como a mi abuela, y era todo ternura, casi que parecía blando, pero no se quebraba.
En Guanajay se llamaba Ernesto y nos dimos un inolvidable abrazo. En La Habana vieja era un travieso Pionero que me saludaba, en el Malecón con la mano en el mentón miraba el mar; dentro del Nacional de Bellas Artes, serio, estaba; y en las escaleras del Capitolio, y en la quinta…y hablo sólo de las veces que lo vi por los lugares que anduve, porque dicen que en Santiago hay muchos y muchas; y que en Camagüey hay más, y en Alto Cedro, y en Mayarí…y que no se encuentra rincón de la Isla en que no haya uno, o una.
Hoy me gustaría estar allá, para festejar su cumpleaños con alguno de Ellos; porque las inútiles crónicas pagadas con sucios dólares dicen que murió, pero esa no es más que otra de las cien mil mentiras que se dicen desde afuera de la Isla para tergiversar y atacar su inocultable ejemplo, para que los cómodos y los cobardes la repitan; porque yo a Fidel, con la dignidad ilesa, por todos lados, créanme, lo vi.

 


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Por: Iroel Sánchez

Al recorrer estos días de noviembre, tan llenos de carencias, pero también de buenas noticias, amenazas imperiales, ilusiones vueltas aire y memes geniales, he vuelto sobre un título referencial de nuestra ensayística.

Se trata de ese libro que Cintio Vitier llamó «tratado de historia de Cuba» y «brevísimo ensayo de fundación intelectiva» dotado, según el autor de Lo cubano en la poesía, de «lucidez, puntería y valentía» titulado Por el camino de la mar o Nosotros los cubanos, en el que Guillermo Rodríguez Rivera afirma que el cubano «no va a permitir que lo cojan de comemierda quien no esté dispuesto a hacer los mismos sacrificios» y que por eso «en Cuba ha sido prácticamente imposible asumir una jefatura o mantenerla sin “marchar delante”, sin asumir el mayor riesgo en la lucha». Para probarlo recorre los desafíos asumidos por figuras de nuestra historia como Céspedes, Agramonte, Martí, Mella, Guiteras, Chibás, Frank y Fidel.

El apoyo cerrado a causas como las del padre del niño Elián o la de los Cinco luchadores antiterroristas que desafiaron las altas e injustas penas de cárcel impuestas por tribunales estadounidenses viene de esa tradición, como también la identificación con los luchadores de la generación histórica que hizo con las armas la Revolución y aún permanecen activos, encabezados por el General de Ejército Raúl Castro. La presencia del Primer Secretario del Partido Comunista y Presidente de la República, Miguel Díaz-Canel, en el epicentro originario de los acontecimientos del día 11 de julio de este año responde a esa exigencia histórica, como también su intensa actividad visitando los barrios más humildes de la capital.

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